viernes, 27 de septiembre de 2013

LA INSEGURIDAD DE MODA




Es injusto cargar la culpa de tanto desbarajuste en la seguridad ciudadana a una sola institución, más aún si el tema ya desbordó la imaginación y la ejecución logística a todo nivel. Qué hacer y cómo resolver? Será una pregunta abierta y sin respuesta fácil. Iquitos no es una isla en este caos, aquí en esta ciudad se vive la angustia con semejante intensidad que en el resto del país. No es un asunto de un solo nivel, por el contrario involucra a todos. Esta inseguridad es responsabilidad colectiva.

Cada mañana, los reporteros de las radios locales en sus presentaciones muestran muy a su estilo los resultados de los acontecimientos de las últimas 24 horas, con una tremenda carga de criminalidad en sus diferentes modalidades que ya no sorprende. Sangre, amarillaje, destrucción de valores y una sociedad aterrada por lo que sucede día a día, a todo momento en una ciudad cada vez más desconocida.

No podría dudar de las intervenciones policiales y los esfuerzos desplegados con sus limitados recursos humanos y logísticos, pero en esto su labor se ve desbordada por una imaginación para crear acciones resolutivas en esta lucha contra la inseguridad ciudadana. No hay duda que los casos de corrupción en este cuerpo son evidentes y que como seres humanos que son, están susceptibles a errar, pero siendo así lo que se necesita es una reingeniería que abarcaría desde las líneas superiores de mando hasta los jóvenes recién egresados de las escuelas de formación.

Cierto que la lucha no es solamente de la policía, es también de una sociedad donde se entremezclan las voluntades de personas pertenecientes a instituciones del Estado, del sector privado y de la llamada sociedad civil organizada. El Estado peruano tiene sus estamentos de gobierno que deben responder de forma interesada y eficiente en la creación y ejecución de programas de salvaguarda de la tranquilidad social y la integridad de los habitantes de la ciudad.

Qué se está haciendo por esto? Discursos y nada más, por lo menos así se percibe. Anuncios por parte del Gobierno Regional de Loreto sobre la adquisición de equipos de ayuda técnica como las cámaras de vídeo-vigilancia, como referencia de acciones políticas que por el momento están solamente en la mención, en la palabra y el discurso. Lo que se espera es su aplicación práctica y el conocimiento de estrategias que conduzcan al principio de una acción de destrucción de la delincuencia.

También las municipalidades no han respondido nada en la acción. Discurso desde la provincial que no encuentra el eco en las distritales de esta metrópoli iquiteña. Acciones aisladas que pretenden demostrar con mediocridad que dizque se lucha contra la delincuencia, pero los resultados siguen siendo negativos.

Las empresas del sector privado en torno a la Cámara de Comercio de Loreto pretenden tener presencia, pero ante la situación resulta pasiva. Hay intenciones, pero hasta ahora, por lo menos hasta hoy no pasan de buenos deseos. Las palabras deben reflejarse en los hechos y la convocatoria debe llevar a una efectiva integración. El sector privado será un aliado que partícipe en esta tarea. En este sentido seguramente hay tantas herramientas que están por ahí, a la espera de su uso confiable en  la prevención, control y estudio de los actos delictivos. Iquitos con una revisión de estos elementos pudiera recuperar ese status que le ha distinguido hasta más allá de los años 60, de ser una ciudad de auténtica tranquilidad pública.

Lo que falta es integrar a todos frente a proyectos para recuperar la tranquilidad social, tener ahí reunidos a las primeras autoridades del Gobierno Regional, de las municipalidades provincial y distritales para discutir con representantes del Gobierno nacional, los representantes de las organizaciones empresariales locales y de la sociedad civil organizada para que decidan por la acción real y no para la pose gráfica o la palabra decorada.

Iquitos necesita acciones contundentes frente a la criminalidad, requiere dd hechos que conduzcan a erradicar tanto delincuente suelto. Nadie o casi nadie está libre de los facinerosos. Ojalá que pronto podamos andar o dormir tranquilos.

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